
En el mensaje “¿Qué vive en tu casa?”, basado en las historias de Rahab y Acán en Josué 2, 6 y 7, descubrimos que lo que permitimos entrar y permanecer en nuestro corazón puede afectar nuestras decisiones, relaciones y familia, por lo que Jesucristo no quiere ser solamente un invitado en nuestro hogar, sino el Señor que gobierna nuestra vida.

En “Transformados para obedecer”, aprendemos a través de Marcos 5 que un encuentro verdadero con Jesús no solamente cambia nuestra vida, sino que también nos envía con una misión; después de ser liberado, el hombre gadareno quiso quedarse con Jesús, pero Cristo le ordenó regresar a su casa y contar todo lo que Dios había hecho por él, demostrando así que la transformación se hace visible por medio de la obediencia y el testimonio, porque Jesús nos rescata, nos transforma y nos envía a compartir con nuestra familia, amigos y comunidad la misericordia que hemos recibido, no solamente para ocupar un lugar en la iglesia, sino para obedecer y anunciar las grandes cosas que Cristo ha hecho en nosotros.

En “La esperanza del creyente y el descuido del mundo”, basado en Mateo 24:37–39, aprendemos que Dios advierte a su pueblo para que viva preparado y confiando en su Palabra; así como Noé creyó, construyó el arca y salvó a su familia, y Lot obedeció la advertencia de Dios y salió de Sodoma, el creyente está llamado a reconocer las señales, mantenerse fiel y esperar con esperanza el regreso de Jesucristo, evitando el descuido espiritual de un mundo distraído por sus propios deseos y recordando que la fe verdadera se demuestra mediante una vida de obediencia, arrepentimiento y preparación.